—¡Lo siento!
—Disculpa—
Ambos hablaron al mismo tiempo y retrocedieron simultáneamente. Sus miradas se encontraron, y además de la incomodidad, había un ligero aire de atracción desarrollándose entre ellos.
Lucía: —Tú...
Daniel: —Yo...
—Profesor, ¿por qué no habla usted primero?
Daniel bajó la mirada, como si estuviera reflexionando o debatiéndose internamente. Al levantar la cabeza, parecía haber tomado algún tipo de decisión: —Lucía, en realidad yo—
—¿Ves? Ya quedó perfecto —la voz despreocupa