Mateo se quedó atónito. —Tú...
Lucía, recordando lo sucedido en la villa, lo miró con miedo y desconfianza: —¡No te muevas! ¡Aléjate de mí!
—Luci... —Mateo sintió una punzada en el corazón—. Aquel día, yo...
—¡Basta! Vete, no tenemos nada de qué hablar.
—Luci... —Los ojos del hombre estaban inyectados en sangre, inmóvil en su lugar—. Lo siento, fue mi culpa. ¿Podemos dejar de pelear? No debí... no debí decir esas cosas, hacer esas cosas...
—Yo... solo te echaba mucho de menos... actué por impuls