—¿Por fin entraste en razón? —Manuel se enderezó de golpe en el sofá—. ¿Ya no quieres seguir jugando al monje?
Ante su burla, Mateo permaneció impasible, sin siquiera levantar la mirada.
—Solo es un juego ocasional, no sería la primera vez.
Manuel aplaudió, aliviado de que su amigo volviera a la normalidad:
—Vale, te conseguiré alguien apropiado, sin problemas ni complicaciones.
En menos de cinco minutos después de colgar, Manuel envió una dirección.
[Círculo Dorado, habitación 108]
[Te regalo a