El súbito regreso de Mateo fue inesperado. Pero antes de que Lucía pudiera alegrarse, él dio una orden y un grupo de guardias irrumpió en la propiedad, arrancando de raíz todas las flores que ella había plantado cuidadosamente.
—¡¿Te dije que hicieras esto?! ¿Acaso no puedo comprar flores, que tienes que plantarlas tú misma y quedarte aquí tan contenta? —gritó— ¡No contestas llamadas ni mensajes! ¡¿Todo por estas malditas flores?! ¡Arránquenlas todas, tírenlas!
En menos de media hora, el jardín