Ella habló con indiferencia, como si todo se hubiera desconectado completamente de ella, como si ya nada tuviera que ver con su vida. Mateo sintió una opresión en el pecho, como si cuanto más intentara apretar la arena en su puño, más rápidamente se escapara entre sus dedos.
Una vez él había hecho arrancar las flores que ella había plantado con tanto esfuerzo; ahora le ofrecía un jardín lleno de fragancias y colores brillantes. Pero ella lo miraba con desdén...
—No importa, si no te gusta, podem