Todo cambió desde la desaparición de su hija, lo que también estaba directamente relacionado con la larga estancia de los ancianos en el extranjero. Jorge no pudo evitar mirar a los dos ancianos al recordar a su tía, aún desaparecida y con paradero desconocido. Si nunca la encontraban, sería un pesar que cargarían hasta la muerte.
—Jorge, tengo sed —dijo repentinamente la anciana.
—Espere un momento abuela, iré a comprar agua... —se volvió hacia Lucía—. ¿Estás ocupada?
—No mucho, ¿necesitas algo