Mateo aguantó unos segundos antes de colgar abruptamente y poner su teléfono en modo avión. Por fin, silencio total. Al entrar en casa, Mateo sintió que su irritación disminuía. Exhaló profundamente. Mientras subía las escaleras, sus pies lo llevaron inconscientemente a la cocina.
Allí, los utensilios limpios y ordenados evocaron imágenes de Lucía trabajando afanosamente. Preparar el caldo le llevaba tiempo; la noche anterior limpiaba y remojaba los ingredientes. A la mañana siguiente, ya abland