Lucía terminó su carrera matutina y, al salir de la ducha, notó un nuevo cactus rosa entre la variedad de cactus verdes en su balcón.
Lo tocó suavemente con el dedo índice, sintiendo su textura suave y tierna. Su humor mejoró notablemente.
Su teléfono vibró sobre la mesa. Al ver el nombre de "Diego" en la pantalla, contestó con curiosidad:
—¿Diego? ¿Por qué me llamas a esta hora? ¿Pasa algo?
—Lucía, ¿cómo has estado?
—Bien, ¿y tú?
¡Era su oportunidad! Diego se enderezó:
—Yo... no muy bien.
Lucía