Un hombre alto y apuesto le ofrecía un ramo de rosas amarillas, pero la expresión de Lucía distaba mucho de ser amable.
—Ser guapa tiene sus ventajas —comentó Yulia con desdén—. Apenas empiezan las clases y ya tiene pretendientes.
—Oye Ariana, tú también eres guapa, ¿cómo es que nadie te trae flores?
Ariana sonrió levemente, sin caer en la provocación: —No hay punto de comparación.
—¡Bah! No finjas indiferencia, ¡seguro que te mueres de envidia!
Ariana mantuvo su sonrisa.
—Tanta pose termina sie