Mateo, a pesar de su origen privilegiado, había llegado a donde estaba por sus propios méritos y esfuerzo. Había conocido a muchas personas como Celia y Fidel, que se hacían los justos y morales solo para poder negociar un mejor precio.
Tal como esperaba, Celia entornó los ojos con astucia. —Ya que vas directo al grano, yo tampoco me andaré con rodeos. El daño a mi hija ya está hecho, una compensación es lo justo. No pedimos mucho, solo esta cantidad... —extendió una mano.
Mateo arqueó una ceja