Mientras caminaban junto al río, las luces de neón brillaban en ambas orillas y la ciudad ruidosa se volvió repentinamente tranquila, dándole a Lucía la ilusión de que el tiempo y sus pasos se habían ralentizado.
Caminaban uno al lado del otro, envueltos en un silencio suave que, lejos de ser incómodo, creaba una armonía tácita entre ellos.
Era como si no necesitaran hacer nada: solo estar junto a esta persona ya era el estado más reconfortante.
—¿Quieres ir al puente a sentir la brisa?
Lucía ro