A Lucía se le hizo un nudo en la garganta, pero entendía perfectamente.
Para Ana, la investigación científica siempre sería lo primero.
No le importaba la duración de su vida, sino la profundidad del océano de la ciencia.
Quizás nunca tocaría fondo, quizás sus fuerzas se agotarían en el camino, pero ¿qué importaba?
Ella estaba dispuesta a descansar eternamente en el río de la ciencia, convirtiéndose en nutriente para las futuras generaciones, iluminando su camino.
—¿Por qué vas a llorar otra vez