La señora Molina estaba entusiasmada; Elena rara vez participaba en este tipo de actividades, y cuando lo hacía, solía ser con desgano, por mero compromiso.
Ya que por fin había preparado una tetera de té, había que degustarlo apropiadamente.
Lucía se acercó a ambas y, al levantar la mirada casualmente, se encontró directamente con los ojos de Elena.
Elena se sorprendió primero, quizás algo incómoda, y luego dejó escapar un resoplido altivo por la nariz, con cierta arrogancia.
Aunque para Lucía,