Paula tomó la mano de Lucía:
—¡Vamos! Ya tengo todo planeado. Hoy nos vamos a divertir a lo grande.
—¡Aaaaaah!
—¡Mamá, ayúdame!
Los gritos resonaron en sus oídos durante cinco minutos. Lucía se frotó las orejas entumecidas y miró a Paula, que acababa de vomitar y estaba pálida. Con una mezcla de diversión y preocupación, le dio unas palmaditas en la espalda.
—¿Te sientes mejor?
—Yo... ¡Buaj!
Lucía vio que Paula iba a vomitar de nuevo y rápidamente sacó pañuelos y una botella de agua. Cuando Pau