Sofía bajó las escaleras corriendo y se dirigió a la entrada de la universidad. Enseguida vio el auto de Mateo estacionado en la calle.
Mateo estaba apoyado en el coche, con una camiseta beige y un abrigo largo gris oscuro sobre unos pantalones negros. Parecía un estudiante universitario, joven y lleno de energía. La gente a su alrededor no dejaba de mirarlo.
En tres minutos, miró la hora tres veces. Habían quedado a las diez y ya pasaban varios minutos.
Sacó su celular para llamar a Sofía cuand