Mientras más lo pensaba, más rabia le daba. Mercedes, quien siempre consideraba que perseguir a la gente era cosa de desesperados, terminó siguiéndolas. Estaba claro que la habían hecho enfurecer de verdad.
—¡Lengua venenosa, irrespetuosa! ¡Con razón dicen que Dios los cría y ellos se juntan! ¡Par de corrientes!
Paula se rio al escucharla. Que la insultara a ella, ¡pero meterse con Lucía era otra cosa!
—¡Cierra el pico, bruja!
—¿Qué? ¿Dije algo que no es cierto? ¡Estuvo seis años con mi hijo y n