—Qué rápido se le subieron los humos —se burló Paula.
—No debiste detenerme —apenas había usado un tercio de su fuerza; en una pelea real, esa bruja no habría tenido oportunidad.
Lucía se rio al recordar la cara de Sofía cuando se fue, y trató de calmar a Paula:
—Ya, ya, no te enojes, no vale la pena.
—Son personas sin importancia, no te hagas mala sangre por ellas.
Paula asintió:
—¡Tienes razón! Pero la próxima vez no me detengo.
Si Lucía era tranquila, ella se encargaría de dar los golpes.
—Ya