Así que Mercedes solo podía mirar fijamente a Paula con rabia. Si las miradas mataran, Paula ya estaría hecha picadillo.
—Paula, creo que... tienes un malentendido sobre mí —Sofía levantó la mirada tímidamente, mirando a Paula con cara de víctima.
Lástima que Paula no caía en su juego:
—¿Malentendido de qué? ¿De que tienes dignidad? ¿De que te da vergüenza?
Mercedes estalló:
—¡Paula, no te pases! Soy mayor que tú, merezco respeto.
—¡Ay! ¿Ahora me vas a venir con eso de la edad? Qué pena, pero a