—Lo siento, no puedo quedarme a cenar. Tengo cosas que hacer, pero quedemos otro día, — respondió Lucía con una sonrisa amable, rechazando a Diego sin ofenderlo. Diego notó que llevaba una caja de joyería exclusiva, así que parecía que realmente tenía asuntos pendientes. Asintió, pero antes de que pudiera decir algo más, Lucía ya se había ido, pasando junto a Mateo sin siquiera mirarlo.
De repente, el ambiente se tensó. Diego miró de reojo a Mateo y trató de suavizar la situación:
—Eh... Mateo,