Juan dejó a Lucía en la entrada de su edificio. Después de agradecerle, ella no subió directamente, sino que se desvió hacia el mercado de al lado. Veinte minutos después, cuando iba a subir cargada de bolsas, vio a Daniel acercándose bajo el sol del atardecer. Aunque ya estaba oscureciendo, él parecía bañado en una luz anaranjada, alargando aún más su figura esbelta. Caminaba con una concentración intensa, sin mirar a los lados.
—¡Qué coincidencia encontrarnos de nuevo! —Saludó Lucía. Él levant