El rostro de Alba se ensombreció.
—Por cierto —comentó Sergio—, este trapeador lo acabo de usar en el baño y no he tenido tiempo de lavarlo, aunque no debería ser gran cosa, nuestro baño no está tan sucio. ¿No te molesta, verdad Alba?
¡Claro que le molestaba!
—¡Ay, papá! ¿No te acuerdas que... —intervino Lucía— ayer tiré todas las sobras de comida en el inodoro? Aunque jalé la cadena, todavía se siente algo grasoso...
—Oye Alba, ¿no será que hueles a agua sucia?
Padre e hija se turnaban para hac