—Se acabaron los besos, señor Kirland.
La voz de Miranda salió más firme de lo que esperaba.
Por dentro, sentía que todo su cuerpo temblaba.
Aquel beso todavía estaba presente en su mente.
El calor de sus labios, la forma en que Joaquin había respondido, la manera en que por un instante pareció que el hombre que ella conocía seguía ahí, escondido detrás de esos ojos que ahora la miraban como una desconocida.
Pero no podía quedarse aferrada a un instante.
No podía construir una vida sobre un recu