Miranda soltó una risa baja.
No era una risa de diversión. Era una mezcla extraña entre dolor, ironía y esa seguridad que había construido durante los últimos días para no dejar que Joaquin viera cuánto le afectaban sus palabras.
Lo observó sentado frente a ella, con el rostro serio y esa expresión de hombre que intentaba convencerse de que nada podía tocarlo.
Pero Miranda lo conocía demasiado bien.
Aunque él hubiera olvidado su pasado, aunque ahora la mirara como una extraña, todavía había pequ