Cuando Miranda se reunió con Ruggero aquella tarde, todavía llevaba en el rostro la emoción que le había provocado leer la propuesta del nuevo socio.
Aquella propuesta parecía casi un milagro.
Miranda llegó al restaurante
—Ruggero.
Él se puso de pie para recibirla.
—Miranda.
Ella tomó asiento frente a él.
—Tengo que agradecerte.
Ruggero arqueó una ceja.
—Por haber conseguido al socio.
Él se quedó callado durante unos segundos.
Miranda sonrió.
Ruggero sintió una pequeña punzada de culpa.
La reali