Tres años después
Joaquín había contratado a los mejores neurólogos, especialistas en rehabilitación, fisioterapeutas y enfermeros.
Cada día pasaba horas en el gimnasio de rehabilitación.
A veces terminaba empapado en sudor, con los músculos temblando y las manos aferradas a las barras paralelas.
—Vamos, señor Kirland. Una vez más.
Joaquín apretaba los dientes.
—Puedo hacerlo.
—Eso es. Adelante.
Sus piernas temblaban y sentía dolor, incluso cuando el doctor decía que no era un dolor real, su cer