Al día siguiente, los primeros rayos del sol se filtraban por la ventana de la habitación del hospital, envolviendo el lugar en una cálida luz dorada.
Después de una noche llena de desvelos, Miranda apenas había podido dormir.
Cada pocas horas se despertaba para comprobar que sus dos pequeñas seguían respirando con tranquilidad. A pesar del cansancio, una simple mirada a sus hijas era suficiente para hacer desaparecer cualquier agotamiento.
Las gemelas dormían profundamente en sus pequeñas cunas