Casi tres días después del accidente, el cuerpo de Miranda por fin comenzó a responder.
Durante todo ese tiempo había permanecido inconsciente, luchando silenciosamente entre la vida y la muerte.
Los médicos no se habían separado de ella, vigilando cada cambio en sus signos vitales, mientras sus dos pequeñas hijas continuaban recuperándose en la unidad neonatal.
Aquella mañana, un tenue rayo de sol atravesó la ventana de la habitación.
Los párpados de Miranda temblaron ligeramente.
Su respiració