Al día siguiente, la luz de la mañana comenzó a filtrarse lentamente por las cortinas.
Miranda abrió los ojos con cierta confusión.
Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Miranda giró la cabeza hacia el otro lado de la cama.
Estaba vacío.
Joaquín ya no estaba allí.
Pero entonces percibió algo. Un aroma delicioso.
Café recién hecho. Y algo dulce.
Miranda sonrió sin poder evitarlo.
Se levantó lentamente, entró al baño, se lavó el rostro y se cepilló los dientes.
Después se acomodó el cabe