Uno de los guardias se acercó al automóvil y abrió la puerta.
Miranda permaneció unos segundos inmóvil.
Su corazón latía con fuerza y todavía no comprendía qué estaba sucediendo. Miró a los hombres que rodeaban el vehículo y después volvió la mirada hacia sus hijas.
—Mamá...
—Tranquilas —dijo Miranda, intentando mantener la calma—. No se separen de mí.
El guardia hizo una señal para que bajara.
Miranda salió lentamente del automóvil.
Apenas puso los pies en el suelo, miró a su alrededor.
Entonce