Erika se sentó frente a su escritorio con el teléfono móvil en sus manos temblorosas y con la pantalla brillando frente a ella esperando a un solo movimiento para realizar la dichosa llamada, sabía que lo que estaba a punto de hacer cambiaría la dinámica entre ellos, las probabilidades de que la despidieran eran del 80% por no decir el 100%. El silencio de la mañana era casi opresivo mientras su mente seguía recorriendo la misma pregunta una y otra vez: ¿Cómo comenzaría esta conversación?
Había decidido tomar la iniciativa, algo que no hacía a menudo. En su cabeza, todo parecía mucho más sencillo de lo que realmente era. Lo había hecho antes, claro, pero nunca con un jefe como Alessandro, un hombre de una presencia tan magnética y enigmática que hacía que cualquier decisión importante relacionada con él se volviera un campo minado. Ella, siempre tan calculadora y precisa, ahora se sentía vulnerable, como si estuviera cruzando una línea invisible, un terreno peligroso donde todo podía