**KLAUS**
El éxito tenía un sabor particular, uno que reconocía bien. Todo estaba funcionando.
Me recosté contra el respaldo del sofá de la suite, con una copa en mano, observando la ciudad a través del ventanal. Las luces de Las Vegas destellaban como un espectáculo infinito, pero esta vez, no eran las luces las que me interesaban. Era ella.
Mi propósito se estaba cumpliendo. Ya era prácticamente mía. No en el sentido convencional, no en la forma superficial en que la mayoría pensaría. Mía por