Fabrizio se hizo hacia atrás y observó a la mujer que podía hacer que su corazón latiera acelerado con solo una mirada. La levantó de las nalgas y la apoyó contra la pared. Ella dio un pequeño respingo cuando su espalda tocó la pared.
—Tuviste un día largo, deberías descansar —dijo ella.
Descansar estaba en lo último en su lista de prioridades.
—¿Seguro que es eso lo que quieres? —preguntó con una sonrisa traviesa e inclinó la cabeza hacia adelante. Tomó uno de sus senos con la boca.
Cloe soltó