Cloe no podía dejar de mover las piernas con impaciencia. No entendía porque Fabrizio se estaba tardando en llegar. Había transcurrido una hora desde que hablaron, afuera ya estaba oscureciendo, pero él todavía no había llegado del aeropuerto. Fabrizio no le había dicho demasiado, solo que estaba bien y que llegaría pronto.
¿Y si no estaba tan bien como le había dejado creer?
—Tranquila, él llegará pronto —dijo Isabella como si supiera los pensamientos que pasaban por su cabeza.
Todos estaban r