—Dijo que era empleado del señor Garner, su jefe —se encogió de hombros y luego salió sin esperar réplica.
Naia miró a su bebé antes de darle un beso fuerte que alimentaba su propia alma y le daba fuerza para continuar.
—Es hora pequeño Leo, ya podemos irnos de aquí para escondernos unos días... espero sea un buen lugar... de verdad le pido a Dios sea un buen y tranquilo lugar —expresó ansiosa.
A ella misma le resultaba increíble, que a pesar de haber logrado escapar de las manos de Curtis su