— ¿Señor Garner?
— ¿Quién me llama? —preguntó aunque ya sabía la respuesta.
—Soy la mujer que atropelló.
—La recuerdo, Naia Ortega.
Ella apretó los ojos, se suponía de acuerdo con su fantasía de escape que se cambiaría el nombre tan pronto llegara a la nueva ciudad. Sin embargo, no contaba con que su identidad fuese revelada a causa de este hombre.
—Sí, señor Garner, soy Naia.
—Muy bien señorita Ortega, si me llama es porque supongo que ya le han dado el alta.
—Dígame Naia, por favor, sólo Naia