— ¿Por qué crees que una mujer hable muy poco? —indaga Matthew.
— ¿De qué estás hablando? —cuestiona Steve con el ceño fruncido.
—Naia, sólo responde lo necesario, incluso parece incómoda frente a otras personas, aunque sí expresó un poco más cuando conoció a la señora Pressly.
— ¿Estás hablando de la mujer que atropellaste?
—Por supuesto, ¿de quién más podría hablar?
—No sé, tal vez de George, de los empleados del Sindicato, de esos que están llamando a más hombres a dejar de trabajar para par