Naia bebió de su café, sin comprender el porqué de esta invitación en esta bonita cafetería cerca de la fábrica. Sin embargo, aceptó, aprovechó que Leo ya tenía una niñera en la cual podía confiar y salió sola para tomar un poco de aire.
—Lo siento si te sorprendí, pero debía hablar contigo —expresó Marguerite un tanto incómoda.
No era una persona que se entrometiera en la vida privada de los demás. Pero ahí estaba haciéndolo y todo por una solicitud de un hombre molesto, aunque debía reconocer