Punto de vista de Adrián
Me quedé mirando el teléfono un rato, dudando si contestar o no. Finalmente, contesté.
—Vaya… —rió.
—¿Quién demonios eres? —grité.
—Tranquilo, Adrián. Quería informarte que el rastreo no me alcanzará. Y es una pérdida de tiempo. —Enseguida, la llamada se cortó.
Me quedé mirando el teléfono un rato. ¿Cómo sabía que iba a rastrearlo? Y encima, me aconsejó que no lo hiciera.
—¿Qué dijo? —preguntó Isabella.
—Que no lo rastreara —dije en voz baja—. Juro que si atrapo a este