Punto de vista en tercera persona
El aire en la sala de interrogatorios estaba viciado, con olor a café viejo y ansiedad. El detective Miller, un hombre con rostro de cuero desgastado y ojos que no se perdían nada, se recostó en su silla, crujiendo el metal. Al otro lado de la mesa llena de marcas, Luscious se removió, intentando mantener la coherencia de su historia.
"Entonces, Javier", repitió Miller con voz monótona. "¿Dónde lo conociste, dices?"
"No lo conocí, él vino a mí", dijo Luscious, encogiéndose de hombros con indiferencia. "Y se trataba simplemente de mi colaboración con él, por negocios. Y su objetivo", añadió.
Durante una hora, Miller desgranó los hilos de la historia de Luscious: cómo él y Javier se convirtieron en socios, el fallido trabajo en el almacén, la frenética lucha cuando todo se torció. Luscious habló, presentándose como un desafortunado acompañante, víctima de la mala suerte y peores amigos. Vio al detective tomar notas, lo vio asentir lentamente, y una bri