Punto de vista en tercera persona
El aire de la sala, impregnado de un aroma a madera vieja y ansiedad, pareció solidificarse. Todas las miradas estaban fijas en la jueza, una mujer cuyo semblante severo no había flaqueado durante todo el juicio. Miraba fijamente a Adrian Moretti, con una mirada inescrutable, sopesando el destino del hombre que permanecía inmóvil en el estrado del tribunal.
Entonces, en el último segundo antes de que la tensión se desvaneciera, se movió. Su mazo, una pesada pieza de roble pulido que parecía más un arma de juicio que una herramienta, cayó con un único y seco golpe contra el estrado. El sonido resonó como un disparo en la silenciosa sala.
"Se concede la libertad bajo fianza", resonó su voz, clara y definitiva. "Este tribunal declara al acusado, Adrian Moretti, inocente".
Una respiración colectiva, contenida demasiado tiempo, se precipitó en una oleada de murmullos. Los hombros de Adrian, que habían permanecido rígidos en actitud de preparación, se hundi