Punto de vista de Adrian
—¡Mierda! —grité—. ¿Cómo caí en esa trampa inútil? Ahora se ha ido y ya no podré alcanzarla.
Sabía que el ascensor no funcionaba por ahora, así que tuve que optar por la misma opción que había elegido al subir: las escaleras…
En cuanto volví al garaje, se había ido. —¡Mierda! —grité, furioso, pateando la rueda de mi coche.
Mi cara se puso roja, la sangre hirviendo bullía lentamente en mis venas. Apreté los puños con fuerza. Y con un movimiento rápido, di un fuerte golpe