Han pasado ya treinta y nueve años completos desde aquella noche que quedó grabada a fuego imborrable en lo más profundo de sus almas: una noche de lluvia implacable que caía sin descanso, como si el cielo mismo llorara por la injusticia que estaban sufriendo; un viento helado que aullaba entre las paredes vacías y calaba hasta los huesos; una oscuridad tan espesa y pesada que parecía haber tragado hasta la última estrella del firmamento; y una traición tan ruin, tan inesperada, tan cobarde y t