A veces, si era cortés, rozaba con los dedos la parte baja de su espalda mientras la guiaba a algún lugar. Pero en todos los años que se conocían, en toda la intimidad que habían compartido, nunca había habido una intimidad que implicara contacto físico.
Y mientras lo miraba fijamente, se dio cuenta por primera vez de que tenía que inclinar la cabeza hacia atrás para verlo. Qué grande era, tan alto y con esos hombros tan anchos. Y que era increíblemente guapo para ser un hombre que parecía tan