Lexi lo miró fijamente, y algo en su rostro cambió. Quizás fue porque no sonreía. No se escondía. Quizás, en realidad, estaba cansado de esconderse durante todos estos años. Por un instante, allí, en la oscuridad, con la luz del puente a lo lejos y la ópera elevándose como una ola tras ellos, fue, por una vez… él mismo.
Sin ataduras. Sin remordimientos. Liberado, por fin.
Lexi emitió un leve gemido. Sorpresa, tal vez. Necesidad, insistía algo oscuro en su interior.
—No he venido hasta aquí para