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—Dime que quieres que pare. —Besó la curva de su cuello, el punto más sensible, el que la hacía querer soltar un gritito de placer—. Dime que tenemos que parar porque será más difícil soltarnos si no.

—No pares. Por favor, no pares.

No apartó la mirada de ella mientras deslizaba la otra tira de su hombro. Deslizó la prenda lentamente por sus brazos. Su mirada descendió aún más. —Eres demasiado hermosa como para conformarte con menos de lo que deseas. Dime qué quieres.

Sujetándola con ambas mano
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