No quería darle muchas vueltas. Quería estar de vuelta en la cama de Javier, acurrucada entre las sábanas, sin almohadas, olvidando el resto del mundo. Lo había tenido el fin de semana. ¿Acaso no podían conformarse con eso?
Alcanzó a ver a Javier cuando salió del garaje. La respuesta fue clara al observar sus movimientos. Un fin de semana no bastaría. Con vaqueros y un suéter gris, ropa que en cualquier otro hombre no tendría nada de especial, él estaba impresionante. Se bajó las gafas de sol,