Javier sopesó el peso en el estómago y descubrió que era una mezcla de decepción y dolor. La confianza nunca había sido un problema para él. Pero, siendo totalmente sincero, tendría que reconocer que se sentía avergonzado y sin saber cómo afrontar el día siguiente.
Se puso de pie, desnudo, y no le sorprendió descubrir que aún tenía una erección. Era inevitable. Lucía, a pesar de su temperamento voluble y su antipatía, lo conseguía. Todo en ella atraía sus instintos masculinos básicos. Su bellez