CAÍTULO 27. La última vez...
Victoria sacó a Massimo de su sillita y dos minutos caminaba apurada junto con Franco hacia el salón de la casa, donde Amira daba vueltas como una leona enjaulada.
—¿Estás bien? —preguntó Victoria mirándola de arriba abajo a ver si no traía ninguna herida, porque sangre sí llevaba encima y bastante, pero dudaba que fuera suya.
La Ejecutora dejó de caminar y bajó la cabeza tratando de calmarse.
—Sí, Mamma, estoy bien…
—Emilio… ¿está vivo? —la interrogó Franco y Amira levantó una ceja sugerente.