Él se había corrido... desde la primera vez que nos habíamos acostado siempre me pregunté si era un impedimento médico o si acaso era por su condición no-humana, pero en ese momento lo había hecho aunque definitivamente no como un hombre normal.
Temblé incontrolable por la presión que ejercía en mi interior, era demasiado el líquido que había expulsado y el hecho de que no dejara que este fluyera hacia afuera por negarse a moverse. Todos sus apéndices seguían enterrados al igual que su pene.