Tardó un tiempo antes de que el dolor se apagara pero Shandra no sé movió ni un centímetro lejos de mi, y cuando notó que ya no agonizaba, comenzó a moverse nuevamente.
_Detente... ¿que me hiciste?, tu... ¿no te cansas?.
Ni siquiera estaba segura si podía seguir sintiendo placer. Me sentía agotada y a punto de desmayarme.
Shandra comenzó a jadear y su cuerpo se calentó emitiendo una temperatura abrazadora. Sus tentáculos que también se habían quedado quietos, empezaron a invadirme de ma